Alemania , es un país soberano
centroeuropeo, miembro de la Unión Europea; su capital es Berlín. Su territorio, formado por dieciséis Bundesländer, limita al norte con el mar del Norte, Dinamarca y el mar Báltico; al este con Polonia y la República Checa; al sur con Austria y Suiza, y al oeste con Francia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos. La ciudad de Büsingen, enclavada en Suiza, también forma parte de Alemania. El
territorio de Alemania abarca 357.168 km² y posee un clima templado. Con más de 80 millones de habitantes, representa la
mayor población entre los estados
miembros de la Unión Europea y es el hogar del tercer mayor grupo de emigrantes
internacionales. Después de los Estados Unidos, Alemania es el segundo destino de las migraciones más popular en el mundo.
HISTORIA
Prehistoria y antigüedad
Se cree que la etnogénesis de las tribus germánicas se produjo
durante la Edad de Bronce nórdica,
O, como muy tarde, durante la Edad
de Hierro pre-romana. Desde el sur de Escandinavia y el norte de Alemania, las tribus
iniciaron su expansión al sur, este y oeste en el siglo I a. C.,
entrando en contacto con las tribus celtas de la Galia, así como Irán, el Báltico, y
las tribus eslavas del Este
de Europa. Poco se conoce sobre la historia temprana de los pueblos germánicos,
excepto lo que se sabe a través de sus interacciones con el Imperio romano y
los registros de hallazgos arqueológicos
Durante
el reinado de César Augusto, los
germanos se familiarizaron con las tácticas de guerra romanas, manteniendo al
mismo tiempo su identidad tribal. En 9 a. C., tres legiones romanas dirigidas por Varo fueron
aniquiladas por los queruscos y su jefe Arminio en laBatalla del bosque de Teutoburgo.
Por lo tanto, la Alemania moderna, por lo que respecta al Rin y el Danubio, se
mantuvo fuera del Imperio romano. En la época de Tácito, tribus germánicas se
establecieron a lo largo del Rin y el Danubio, ocupando la mayor parte de la
zona moderna de Alemania. El siglo
III vio el surgimiento de un gran número de tribus germánicas del Oeste: alamanes, chatti, francos, frisones, sajones y turingios.
En ese momento estos pueblos iniciaron el periodo
de las grandes migraciones (o
invasiones bárbaras, desde el punto de vista del Imperio Romano) que se extendió por
varios siglos.
Sacro Imperio Romano Germánico (962-1806)
El imperio medieval se derivaba
de una división del Imperio
carolingio en 843, que fue
fundada por Carlomagno en 800, y existió en diferentes
formas, hasta 1806, su territorio se extendía desde el río Eider en el norte hasta la costa mediterránea en el sur.
Bajo el
reinado de la Dinastía Sajona (919-1024), los ducados de Lorena, Sajonia, Franconia, Suabia, Turingia y Baviera se consolidaron, y el Rey alemán fue
coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico de estas regiones en 962.
Bajo el reinado de la Dinastía
salia (1024-1125), el Sacro
Imperio Romano Germánico absorbió el norte de Italia y Borgoña,
aunque los emperadores perdieron el poder a través de la Querella de las
Investiduras. Bajo los emperadores Hohenstaufen (1138-1254), los príncipes alemanes
aumentaron su influencia hacia el sur y el este en los territorios habitados
por los eslavos. En el Norte alemán crecieron ciudades prósperas como las de la Liga Hanseática.
El
edicto de la Bula de Oro de 1356 fue la constitución básica del imperio
que duró hasta su disolución. Se codificó la elección del emperador por siete príncipes electores. A partir del
siglo XV, los emperadores fueron elegidos casi exclusivamente entre los
provenientes de la Casa de
Habsburgo.
Martín
Lutero escribió Las 95 tesis, donde
cuestionando la Iglesia católica en 1517, provocando con ello la Reforma Protestante. La iglesia
Luterana fue reconocida como la nueva religión sancionada en muchos estados alemanes
después de 1530. El conflicto religioso resultante condujo a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que devastó el territorio
alemán. La población de los
estados alemanes se redujo en un 30 %. La Paz de Westfalia (1648) terminó la guerra religiosa
entre los estados alemanes, pero el imperio de
facto fue dividido en numerosos
principados independientes. Desde 1740 en adelante, el dualismo entre la
monarquía Habsburgo de Austria y el Reino
de Prusia dominó la historia
alemana. En 1806, el Imperio fue invadido y disuelto como consecuencia de las Guerras napoleónicas.
Restauración y revolución (1814-1871)
Tras abdicar el último monarca
del Sacro Imperio Romano Germánico, se inició, en los antiguos estados que lo
componían, una dispar búsqueda por crear un estado nacional alemán unificado. La cuestión
territorial se debatía entre la creación de una «gran Alemania», que incluyese
los territorios germanófonos austriacos o una «pequeña Alemania», formada
exclusivamente por otros estados. A esta disyuntiva se sumaba la cuestión
institucional sobre el reparto de poder entre el pueblo y la corona.
La cuestión
se planteó de manera concreta tras la caída del Primer Imperio francés. Napoleón, el emperador de los franceses, fue derrotado, pero
el hecho de terminar con la dominación extranjera no les reportó a los alemanes
una Alemania unida dentro de la Confederación Germánica, implantada en 1815.
En marzo de 1848,
la revolución estalló en Alemania.
Convertir a Alemania en un estado nacional e institucional suponía tener que
definir qué pertenecía a Alemania. El primer
Parlamento libremente elegido, en Fráncfort
del Meno, descubrió que no era posible forzar el establecimiento de un estado
nacional pangermánico, con
inclusión de Austria. Este hecho planteó la solución de la «pequeña Alemania»,
en la forma de un imperio bajo la hegemonía del Reino de Prusia.
El parlamento exigió que, como emperador alemán, el rey de Prusia tendría que renunciar a su carácter
divino y concebirse a sí mismo como ejecutor de la voluntad del pueblo,
exigencia ésta que el monarca rechazó en 1849,
impidiendo de esta forma que se realizara la unificación alemana.
En la
década de 1860 el Canciller Otto von Bismarck favoreció en Prusia al ejecutivo
contra el Parlamento. La cuestión del poder político externo se resolvió con la Guerra de las Siete Semanas en 1866,
en el sentido de la «pequeña Alemania».
El imperio alemán (II Reich)
El Imperio alemán se funda el 18 de enero de 1871 tras la victoria de Prusia en la Guerra franco-prusiana, y se consigue
la unificación de los diferentes estados alemanes en torno a Prusia, excluyendo
a Austria. Así Prusia se
convierte en Alemania, bajo el
liderazgo del canciller Otto von
Bismarck, quien será el verdadero artífice de la unificación; posiblemente uno
de los estadistas más importantes del siglo
XIX. Se inicia un período de gran desarrollo nacional alemán en todos los
campos: economía, política y milicia.
Desde
entonces Alemania se transforma junto al Reino
Unido en una de las dos grandes
potencias mundiales, sin ambiciones coloniales durante el gobierno de Bismarck.
A
partir de este punto y durante las siguientes dos décadas se establecen los
llamados "sistemas bismarckianos", que dominan la política europea.
En el Congreso de Berlín de 1878 se reúnen los representantes de varios
Estados europeos bajo la presidencia de Bismarck con el propósito de
reorganizar los Balcanes tras la Guerra Ruso-Turca de 1877–1878, así
como para equilibrar los intereses deInglaterra, Rusia y Austria-Hungría en la zona. Después, Bismarck convoca
entre 1884 y 1885 la conferencia
de Berlín en la que las potencias
fijan las pautas para el reparto colonial de África.
Con la
coronación de Guillermo II como Káiser,
se inicia un enfrentamiento entre él y Bismarck, el cual provoca la caída del
canciller en 1890. El emperador será incapaz de continuar con las políticas
implantadas por Bismarck, y Alemania se ve poco a poco en la incapacidad de
mantener el equilibrio europeo, que para entonces era más que nunca la base del
equilibrio mundial.
En 1914
estalla la Primera Guerra Mundial que, al provocar la derrota de
Alemania en 1918, marca el fin de la dinastía
Hohenzollern. Las naciones vencedoras imponen el Tratado de Versalles.
República de Weimar (1919-1933)
Tras la derrota en la Primera
Guerra Mundial, se constituye la República
de Weimar en 1919. Es un periodo
de gran inestabilidad debido a la fragmentación parlamentaria en partidos
minoritarios y al rechazo de los militares a aceptar la derrota y los acuerdos
impuestos por los vencedores.
La
crisis económica como consecuencia del Tratado de Versalles que hacía que
Alemania pagara grandes tributos como trofeo de guerra y la hiperinflación
conlleva la ruina para una gran parte de la clase media, y esta situación se
agrava tras la Gran Depresión de 1929.
La impresión irracional de dinero durante la república de Weimar produjo una
hiperinflación que hace que hasta el día de hoy los alemanes le teman a la
inflación, al revés de lo que ocurre en USA que le temen a la deflación.
Así se
produce una situación propicia para el auge de ideas nacionalistas y
ultraderechistas. En las elecciones de 1933,
el Partido Nacional Socialista
Alemán de los Trabajadores (NSDAP,
nazi) consigue llegar al poder, y finalizará enseguida la primera experiencia
democrática alemana.
LOS NAZIS EN
EL PODER
Alemania fue objeto de una lenta agonía. En tan
solo 12 años de lo que Hitler había concebido como “mil años de régimen” se
asesinó a políticos de la oposición, intelectuales y artistas, o se les obligó
a ocultarse o exiliarse, la cultura del terror y la denuncia inundó casi toda
la sociedad alemana, y la rica herencia judía europea se vio notablemente
diezmada.
En abril de 1933, Joseph Goebbels, jefe del
eficiente Ministerio de Propaganda, anunció un boicot a los negocios de judíos.
Poco después, estos fueron expulsados de la Administración y se prohibió la
presencia de individuos de “raza no aria” en muchas profesiones, empresas e industrias.
Por las Leyes de Nuremberg (1935) se privó a los no arios de la ciudadanía
alemana y se les prohibió casarse o mantener relaciones sexuales con arios;
cualquiera que incumpliera estas leyes racistas se enfrentaba a la pena de
muerte y, además, debía correr con los gastos de su juicio y ejecución.
Hitler obtuvo mucho apoyo de las clases medias
mediante la inyección de grandes sumas de dinero en programas de empleo, muchos
de ellos destinados a cubrir las nuevas necesidades de las industrias pesadas y
de rearmamento. En Wolfsburg (Baja Sajonia), la primera fábrica de Volkswagen,
fundada en 1938, empezó a producir vehículos asequibles.
Ese mismo año, las tropas de Hitler fueron bien
recibidas en Austria. Con el fin de evitar otra guerra sangrienta, los
gobiernos internacionales aceptaron la anexión de Austria. En esta línea
contemporizadora, en septiembre de 1938, Hitler, Mussolini (Italia), Neville
Chamberlain (Reino Unido) y Eduardo Daladier (Francia) firmaron el Acuerdo de
Munich por el que se entregaba a Hitler la porción sur de Checoslovaquia, en su
mayoría de etnia germana. En marzo de 1939 ya se había anexionado también
Moravia y Bohemia.
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Los primeros años
En agosto de 1939, Hitler y la URSS de Stalin firmaron un pacto de no
agresión por el que el eje Tokio-Berlín-Roma se expandía para incluir a Moscú
(Hitler ya había firmado acuerdos con Italia y Japón). Un protocolo secreto
soviético-alemán que dividía el este de Europa en esferas de interés
garantizaba la neutralidad soviética.
A finales de agosto, el falso ataque a una emisora de radio alemana en
Gleiwitz (Gliwice, Polonia) organizado por las SS proporcionó a Hitler una
excusa para invadir Polonia, incidente que desencadenó la Segunda Guerra
Mundial: tres días después, el 3 de septiembre de 1939, Francia y el Reino
Unido declararon la guerra a Alemania.
Polonia cayó rápidamente ante el gigante germano, y pronto también
Bélgica, los Países Bajos y Francia. En junio de 1941, Alemania incumplió el
pacto de no agresión firmado con Stalin y atacó la URSS. Sin embargo, la
Operación Barbarroja, inicialmente exitosa, terminó provocando la retirada de
las tropas de Hitler. La derrota del Sexto Ejército Alemán en Stalingrado (hoy
Volgogrado) el invierno siguiente elevó notablemente la moral soviética.
La solución final
A petición de Hitler, en la Conferencia de Wannsee (Berlín) de enero de
1942, se ideó un protocolo envuelto en jerga administrativa por el que se
sentaban las bases del asesinato de millones de judíos. El Holocausto nazi fue
un genocidio sistemático, burocrático y meticulosamente documentado, llevado a
cabo por 100 000 alemanes, pero con el acuerdo tácito de muchísimos más.
Las tropas de las SS aterrorizaban y ejecutaban sistemáticamente a las
poblaciones judías de las zonas ocupadas. Hitler envió a los judíos a campos de
concentración de Alemania (Sachsenhausen, Buchenwald y Mittelbau Dora, entre
otros) y el este de Europa. También las minorías gitanas, los oponentes
políticos, los sacerdotes, los homosexuales, los que luchaban en la resistencia
y los delincuentes habituales fueron encarcelados en una red de 22 campos, la
mayoría en Europa del este. 165 campos de trabajo (como el de
Auschwitz-Birkenau en Polonia) proporcionaban mano de obra a las grandes
industrias, entre ellas IG Farbenindustrie AG, productora del llamado Zyclon B,
compuesto de ácido cianhídrico utilizado en las cámaras de gas para el
exterminio de más de tres millones de judíos. El antiguo cuartel general de
este conglomerado es hoy parte del campus universitario de Frankfurt del Main.
De los aproximadamente siete millones de personas enviadas a los campos nazis,
solo 500 000 sobrevivieron.
La poderosa maquinaria de terror nazi aplastaba
inmediatamente cualquier resistencia a Hitler, pero esta nunca se desvaneció
por completo. El 20 de julio de 1944, Claus Schenk Graf von Stauffenberg y
otros oficiales de alto rango protagonizaron un intento fallido de asesinar al Führer por el que fueron ejecutados. El exterminio
de judíos y otras atrocidades del régimen se recogían en los panfletos
anti-nazis distribuidos en Munich y otras ciudades por “la Rosa Blanca”, grupo
de universitarios a la mayoría de los cuales la resistencia les costó la vida.
DOS ALEMANIAS, LA ORIENTAL Y LA OCCIDENTAL
En septiembre de
1948, en medio de la fría relación entre Este y Oeste, la ciudad de Bohn, a
orillas del Rin, reunió a los representantes del Gobierno de Alemania
occidental con el fin de redactar una constitución para la nueva República
Federal Alemana (RFA). Un año más tarde, Konrad Adenauer (1876-1967), alcalde
de Colonia durante los años de la República de Weimar, fue elegido, a sus 73
años, primer canciller de la RFA. Bonn, ciudad natal de Adenauer, fue la
candidata natural como capital provisional del nuevo Estado.
Alemania oriental
correspondió adoptando su propia constitución para la República Democrática
Alemana (RDA). Sobre el papel, garantizaba a sus ciudadanos la libertad de
prensa y religión, y el derecho a huelga, pero en la práctica dichas libertades
se vieron fuertemente limitadas. En Berlín, su capital, se estableció un
sistema bicameral (una de las cámaras fue abolida más tarde) y Wilhelm Pieck
pasó a ser el primer presidente del país. Sin embargo, desde el principio, el
Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), dirigido por Walter Ulbricht,
dominó la política económica, judicial y de seguridad.
Como consecuencia
de la política centralista, los estados orientales de Sajonia,
Mecklenburg-Pomerania occidental, Sajonia-Anhalt y Turingia se dividieron en 14
regiones administrativas, y en 1950 se creó el célebre Servicio de Seguridad
del Estado (Ministerium für Staatssicherheit, también conocido como Stasi) para
garantizar la lealtad al SED. Los trabajadores empezaron a depender
económicamente del Estado debido a la colectivización de las granjas y la
nacionalización de la producción, como fue el caso de la fábrica de automóviles
Horch de Zwickau, cerca de Leipzig (que más tarde fabricó Trabants como respuesta
del Este a los Volkswagen de la RFA).
En las zonas
soviéticas, el exterminio de los nazis fue, en general, rápido y cruel. En la
zona occidental, los Aliados celebraron juicios por crímenes de guerra en el
juzgado 600 de Nuremberg (actualmente abierto a los visitantes).
LA DÉCADA DE 1950
La visión económica
del bávaro aficionado a los puros Ludwig Erhard (1897-1977) desató el milagro
económico de la RFA. Entre 1951 y 1961, la economía alcanzó un índice de
crecimiento anual medio del 8%.
Erhard fue ministro
de Economía y después vicecanciller durante el gobierno de Konrad Adenauer. Sus
medidas fomentaron la inversión e impulsaron la actividad económica con el fin
de sustentar el sistema occidental capitalista del Estado del bienestar. Ayudó
a crear la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, destinada a regular la
producción de carbón y acero en Francia, Italia, la RFA y los países del
Benelux, y logró la adhesión de la RFA, en 1958, a la Comunidad Económica
Europea (la actual UE). El profundo temor de Adenauer a la URSS le llevó a
perseguir una implacable política de integración con Occidente.
En la RDA, la
muerte de Stalin en 1953 despertó esperanzas de reforma nunca satisfechas. La
extrema pobreza y las tensiones económicas tan solo alentaron al Gobierno a
establecer objetivos de producción más elevados. El descontento latente se
tradujo en violencia el 17 de junio de 1953, cuando un 10% de los trabajadores
de la RDA se echó a las calles. Las tropas soviéticas aplastaron la revuelta,
con un resultado de cientos de muertos y el arresto de 1200 personas. Las
diferencias económicas se convirtieron en militares cuando la RFA entró a
formar parte de la OTAN en 1955 y la RDA se adhirió al Pacto de Varsovia, al
que perteneció de 1956 a 1990.
El éxodo de jóvenes
trabajadores bien formados de la RDA a la RFA en busca de mejor fortuna sacudió
tanto la ya maltrecha economía de la RDA que el Gobierno, con el consentimiento
soviético, decidió levantar un muro para contenerlos. El Muro de Berlín, el
símbolo más notable de la Guerra Fría, dividió Berlín en dos mitades la noche
del 12 de agosto de 1961. La frontera interna de Alemania quedó vallada y
minada.
Después de encerrar
tras el Muro al resto de su inquieta población (330 000 alemanes orientales
huyeron al lado occidental solo en 1953), la RDA lanzó una nueva política
económica destinada a mejorar su situación. Y lo consiguió. El nivel de vida
nacional alcanzó el máximo del bloque de países del Este y la RDA se convirtió
en su segunda mayor potencia industrial (después de la URSS).
El nombramiento de
Erich Honecker (1912-1994) en 1971 supuso el inicio del acercamiento a
Occidente y la mejora de la aceptación internacional de la RDA. Honecker era
afín a la política soviética (reemplazó las cláusulas de reunificación de la
Constitución de la RDA por una declaración de alianza irrevocable con la URSS
en 1974), pero sus medidas económicas favorecieron un renacimiento económico
que se mantuvo hasta el estancamiento de finales de la década de 1980.

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